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viernes, 4 de marzo de 2016

CITAS Y CUENTOS - LIBERTAD





Frases sobre la libertad

Más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía. Simón Bolívar (1783-1830) Militar y político de origen venezolano.

Sólo es digno de libertad quien sabe conquistarla cada día. Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.

Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo. Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.

La verdadera libertad consiste en el dominio absoluto de sí mismo. Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592) Escritor y filósofo francés.

Es más fácil apoderarse del comandante en jefe de un ejército que despojar a un miserable de su libertad. Confucio (551 AC-478 AC) Filósofo chino.

Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo. Franz Grillparzer (1791-1872) Dramaturgo austriaco.


La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida. Miguel de Cervantes (1547-1616) Escritor español.

No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna. Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.

La libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en hacer lo que se debe. Ramón de Campoamor (1817-1901) Poeta español.

No nos hacemos libres por negarnos a aceptar nada superior a nosotros, sino por aceptar lo que está realmente por encima de nosotros. Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.

Sólo el que sabe es libre y más libre el que más sabe. No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas.  Miguel de Unamuno (1864-1936) Filósofo y escritor español.

Nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean. San Agustín (354-430) Obispo y filósofo.

¿Quién es libre? El sabio que puede dominar sus pasiones, que no teme a la necesidad, a la muerte ni a las cadenas, que refrena firmemente sus apetitos y desprecia los honores del mundo, que confía exclusivamente en sí mismo y que ha redondeado y pulido las aristas de su carácter. Horacio (65 AC-8 AC) Poeta latino.

El pueblo no renuncia nunca a sus libertades sino bajo el engaño de una ilusión. Edmund Burke (1729-1797) Político y escritor irlandés.

Para ser libres hay que ser esclavos de la ley. Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

La libertad está en ser dueños de la propia vida. Platón (427 AC-347 AC) Filósofo griego.

El que se encadena a una alegría, destruye una vida libre; pero el que besa la alegría en su vuelo, vive el amanecer de la eternidad. William Blake (1757-1827) Poeta y pintor inglés.

Mucha gente no puede ni emanciparse, es decir, no puede ni darse cuenta de la esclavitud en que le mantiene las ideas en medio de las cuales se ha educado. Samuel Butler (novelista) (1835-1902) Novelista inglés.

El hombre nunca ha encontrado una definición para la palabra libertad. Abraham Lincoln (1808-1865) Político estadounidense.

El precio que tenemos que pagar por el dinero se paga en libertad. Robert Louis Stevenson (1850-1894) Escritor británico.

La raza humana se encuentra en la mejor situación cuando posee el más alto grado de libertad. Dante Alighieri (1265-1321) Escritor y filósofo italiano.

Una dulce y triunfante libertad se apodera de aquellos que saben que van a morir pronto. Vicki Baum (1888-1960). Novelista estadounidense de origen austriaco.


Jesus."Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Jn 8.31-32).


Reflexión:
Tras leer estas citas de grandes pensadores de la historia, mi conclusión es que para tener libertad hay que comprender su hondo significado.

lunes, 15 de septiembre de 2014

AHORA- EL TEATRO


imagen de red

Como en un destello de luz, he visto el titulo de la obra de mi vida.

“AUTOENGAÑO”

Se ha corrido el telón.


Y de fondo del escenario he podido comprobar que hay un montón de puertas y cada día más, en cada una de ellas hay un NO.

Todo este descubrimiento ha sido muy impactante, y sobre todo sentir que es así, qué quiera o no, así es.

En principio fue más fácil observar los NOS, pues me di cuenta que no quería hacer esto, que no quiero hacer lo otro, y de pronto  me observo y descubro que hay muchos más.

Me paro un momento y me digo ¡bueno! ¿De dónde viene esa actitud? y comprendo que viene de la experiencia.

Si la experiencia ha sido buena pues la puerta está abierta, pero si ha sido mala o mejor dicho el resultado de ella no ha sido satisfactorio o como yo deseaba entonces aparece el NO.

La vida transcurre y con ella las experiencias del día a día, que muchas veces son repetitivas, y como van pasando los días los NOS se van sumando hasta que llega un momento, que hay pocas puertas por donde puedo salir.

Autoengaño es que pienso que tengo libre elección, y eso no existe porque yo misma he cerrado puertas, he cortado mi libertad.

Ahora el intentar abrir una puerta con un NO, me es difícil, porque hay una fuerza grande interna que la ha precintado con una cola tan fuerte, que es un trabajo de chinos intentar abrirla, cuando parece que se va a abrir, como por ciencia birloque se precinta de nuevo.

Tengo que abrir puertas para que el aire circule, para que mi libertad se pueda manifestar.




miércoles, 12 de marzo de 2014

CITAS-CUENTOS-POESÍAS –LOS SENTIMIENTOS



Cuentan, que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.

Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura como siempre tan loca, les propuso: “¿Jugamos al escondite?”.

La intriga levantó la ceja intrigada y la curiosidad sin poder contenerse pregunto: “¿al escondite?, ¿y cómo es eso?

“Es un juego explicó la locura; en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, mientras ustedes se esconden. Y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego”.

El entusiasmo bailó secundado por la euforia; la alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda, e incluso a la apatía, a la que nunca le interesaba nada.

Pero no todos quisieron participar. La verdad prefirió no esconderse, ¿para qué, si al final siempre la hallaban? Y la soberbia opinó que era un juego muy tonto, en el fondo lo que le molestaba era que la idea no fuera de ella, y la cobardía, la cobardía prefirió no arriesgarse.

1, 2, 3, comenzó a contar la locura.

La primera en esconderse fue la pereza, que como siempre se dejo  caer sobre la primera piedra del camino. La fe, subió al cielo y la envidia, se escondió tras la sombra del triunfo, que con su propio esfuerzo logró subir a la copa del árbol más alto.

La generosidad casi no alcanzaba a esconderse; cada sito que hallaba parecía maravilloso para alguno de sus amigos: que si… un lago cristalino, ideal para la belleza; que si… la rendija de un árbol, perfecto para la timidez; que si... el vuelo de la mariposa, lo mejor para la voluptuosidad; que si una ráfaga de viento magnífico para la libertad; así que terminó por ocultarse en un rayito de sol.

El egoísmo en cambio, encontró un sitio muy bueno; desde el principio encontró: ventilado, cómodo,…, pero eso sí, sólo para él.

La mentira se escondió en el fondo del océano; ¡mentira!, que en realidad se escondió detrás del  arco iris, la pasión y el deseo dentro de los volcanes. El olvido…, se me olvidó dónde se escondió.

Pero bueno, eso no es lo importante. Cuando la locura contaba: ¡999.999!, el amor todavía no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado; hasta que divisó un  rosal y, enternecido, decidió esconderse entre sus flores.

“¡Un millón!” contó la locura, y comenzó a buscar.

La primera en aparecer fue la pereza, sólo a tres pasos de la piedra.

Después se escucho a la fe discutir con Dios en el cielo sobre teología. Y a la pasión y al deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la envidia, y claro, pudo deducir dónde estaba el triunfo.

Al egoísmo no tuvo ni que buscarlo, pues él solito salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas.

De tanto caminar sintió sed, y sed al acercarse al lago descubrió a la belleza. Y con la duda resulto más fácil todavía pues la encontró sentada sobre una cerca, sin decidir aún de qué lado esconderse.

Así fue contando a todos. El talento entre la hierba fresca. La angustia en una oscura cueva. La mentira detrás del arco iris; ¡mentira! Si ella estaba en el fondo del océano. Y hasta el olvido, que ya se le había olvidado que estaba jugando al escondite.

Pero sólo el amor no aparecía por ningún sitio. La locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y sus rosas, y tomó una horquilla, y comenzó a mover las ramas cuando de pronto un doloroso grito se escucho; las espinas habían herido en los ojos al amor.

La locura no sabía qué hacer para disculparse; lloró, rogó, imploró, pidió perdón…, y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la Tierra, “el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña.”
Anónimo